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CON EL BOTIJO A LA FUENTE Al norte del pueblo de
Cozuelos confluyen tres pequeños valles, El Vallejo, el de
Fuentecañon y el de la Mangadilla. Las colinas rocosas no son
terreno arable. En la confluencia de los tres valles antes mencionados
hay una fuente de agua que brota del fondo de las rocas y esta rodeada
de una verde pradera. Origina el rio de Cozuelos. Es la mayor riqueza
natural del pueblo y el orgullo de todas las generaciones que han
vivido en Cozuelos. Sin este brote de abundante agua que generosamente
ofrece el valle desde sus entrañas, no existiría el
pueblo. Quienes hemos nacido y vivido algún tiempo en Cozuelos
no olvidaremos nunca la fuente. En ese rutinario viaje vespertino una niña rompió el botijo a la salida del barrio Mataquel. Todo fueron llantos en la niña. Pero el precioso botijo de orcilla quedo hecho añicos antes de llegar a la fuente. A mis sesenta y tres años soy como ese botijo de arcilla rojiza caminando de barrio en barrio, de una parte de la aldea mundial a otra. Paso a paso y día a día me voy acercando a la fuente, unas veces jugando y otras agarrando con fuerza el asa de mi botijo, deseoso de llenar mi existencia de agua fresca y cristalina que nunca me niega esa inagotable fuente que siempre encuentro junto al pueblo. Mi preocupación es no romper el botijo y seguir acercándome a ese manantial, que es Dios, para calmar la sed de mi vida. Angel Becerril Fernandez |